Con «El Ángel de la Inteligencia Artificial» el escritor Agustín Fernández Mallo vuelve al ensayo después de su, justamente, premiado «La forma de la multitud», con el que ganó la primera edición del premio de Ensayo Eugenio Trías.
Una nota al margen: aunque he calificado a Fernández Mallo como ‘escritor’, lo cierto es que en sus actividades creativas es un hombre que va más allá de la escritura. No sólo escribe en sus más diversas formas (narrativa, poesía, ensayo), sino que también es un músico, cineasta y no ha abandonado su formación profesional como físico. Si no fuese porque ya está muy manida la acepción, a este hombre nacido en La Coruña en 1967 se le puede calificar de ‘renacentista’.
En este nuevo ensayo Fernández Mallo aborda uno de los asuntos que más está dando que pensar, escribir, hablar y parlotear en el mundo actual, tal cual es la así llamada Inteligencia Artificial (IA), que como se sabe no es inteligencia pero sí es, claramente, artificial.
Frente a las versiones más apocalípticas (cuando pergeño esta nota un ex-directivo de Antropic ha dimitido de la empresa porque cree que la IA puede matar a la humanidad en la próxima década) Mallo presente una visión, digamos, más realista, más mesurada. Y ew como como muy bien señala el autor llamar Inteligencia Artificial a esos potentes sistemas computacionales es un abuso, una ‘metáfora consentida’ (esto que aquí se está escribiendo va a servir en algún sitio, por alguien que se tiene que ganar la vida de alguna manera, para entrenar y alimentar a esos programas. O sea, que trabajamos para las máquinas y contra nosotros mismos. Que nadie diga que no somos bastante –muy- como aquel Gil y sus pollas).
Agustín Fernández Mallo parte de una premisa, cuando menos provocadora; la ‘IA evolucionada’ se asemeja a un ángel caído. Así como los ángeles de las escrituras poseen conocimientos y capacidades sobrehumanas pero carecen de la experiencia biológica y mortal del hombre, las máquinas procesan cantidades ingentes de datos sin llegar a experimentar jamás lo que significa estar vivo.
Y para llevar adelante su idea se sirve de ideas y conceptos de la física, la antropología (la necesidad humana de dioses), la teología (Nietzche se equivocó) y la metafísica. O dicho de otra manera, no se trata de una ocurrencia salida de las redes sociales, sino que detrás a estudio, pensamiento e ideas claras.
El libro se erige como una firme reivindicación de lo humano: factores inmutables y puramente biológicos como la vulnerabilidad, la enfermedad y la finitud son barreras insalvables para cualquier máquina. Una IA podrá procesar el concepto de la frustración o de la muerte mediante sus datos, pero su verdadera tragedia existencial radica en que jamás podrá experimentarlos en su propia piel.
Y no sigo, pero eso sí, «El Ángel de la Inteligencia Artificial» se lee con la agilidad narrativa de una novela, pues el autor hace gala de lo que se podría llamar ‘una elegancia intelectual’. Eso sí, siempre y cuando se sea capaz de leer más de cuatrocientas palabras seguidas sin emoticonos.
Vale.
| Editorial: Galaxia Gutenberg Páginas: 352 Año: 2026 |





