«Corregidora», la ópera prima de la escritora americana Gayl Jones, convirtió a su autora en una de las voces más destacadas de la literatura negra norteamericana.
Publicada originalmente en 1975, cuando Jones apenas tenía veinticinco años, el libro irrumpió con una voz cruda, poética y profundamente incómoda que sigue incomodando a día de hoy.
«Corregidora» es un blues sobre la memoria y su eventual pérdida. En tanto que blues es una historia triste, dramática, violenta (tanto física como moralmente), opresiva y recorrida por un dolor que abarca varias generaciones.
La protagonista es una joven veinteañera, Ursa Corregidora, que canta blues en un bar de Kentucky en la década de 1940-1950. Al comienzo de la novela, su marido, borracho como una cuba, la arroja por unas escaleras, provocándole un aborto y una histerectomía.
Este acto de violencia doméstica marca el punto de partida de una narración fragmentada, casi circular, que entreteje el presente de Ursa con el pasado traumático de su familia. Su bisabuela y abuela fueron esclavas en Brasil de un esclavista portugués del que sólo conocemos su apellido, Corregidora, un hombre que las violaba sistemáticamente y las obligaba a prostituirse –pero sólo con hombres blancos.
La orden familiar, repetida como un mantra, es que las generaciones posteriores conserven la memoria de la esclavitud y sirvan de ‘evidencia’ viva contra el opresor, ya que sus opresores quemaron todos los documentos que acreditaban su proceder. Cuando Ursa pierde la capacidad de procrear, su identidad y su misión familiar se quiebran.
Uno de los mayores logros de la obra es cómo Jones politiza el cuerpo femenino negro. El útero deja de ser un espacio de vida para transformarse en archivo de horror. La imposibilidad de ‘hacer generaciones’ obliga a Ursa a buscar otras formas de memoria: la canción, el silencio, el reencuentro ambiguo con Mutt años después en un final que no fue bien entendido ni antes ni ahora.
«Corregidora» no es una novela fácil. Su intensidad puede resultar asfixiante. La ausencia de descripciones físicas detalladas de los personajes, refuerza la sensación de que los cuerpos son más cicatrices que carne, más historia que individualidad.
Cincuenta años después de su publicación, este blues escrito por Gayl Jones sigue siendo una obra indispensable. No solo por su calidad literaria —el dominio del ritmo, la precisión quirúrgica del lenguaje—, sino porque obliga al lector a habitar el dolor sin anestesia. Es un libro que duele, que incomoda y que, acaso, precisamente por eso, permanece.
Vale.
| Editorial: Contraseña Páginas: 216 Año: 2023 Traducción: Francisco Muñiz |





