Sandro Veronesi, dos veces ganador del Premio Strega (el máximo galardón literario que se entrega en Italia) regresa con «Septiembre negro», una novela que narra el tránsito, más o menos agridulce, de la infancia a la adolescencia.
El tema central de l libro es el paso al mundo adulto no como proceso gradual, sino como fractura repentina: líneas de sombra conredianas que marcan para siempre.
Ambientada en el verano de 1972 en Fiumetto, una pequeña localidad costera de la Versilia toscana, la obra se presenta tanto como un relato personal , como como un retrato coral de una generación italiana que vive el final del ‘milagro económico’ y el inicio de una época marcada por la violencia y los cambios sociales.
El protagonista es Gigio Bellandi, un niño de doce años que pasa unas vacaciones aparentemente idílicas junto a su familia: un padre abogado carismático, una madre irlandesa de belleza luminosa y una hermana pequeña, perspicaz y curiosa. Durante esos días luminosos, Gigio descubre la magia de la música (traduciendo canciones de Cat Stevens, Led Zeppelin o Procol Harum), el placer de la lectura, el deporte (las Olimpiadas de Múnich y el Tour de Francia) y, sobre todo, el primer amor.
Sin embargo, bajo esa superficie de inocencia se acumulan presagios de fractura. El asesinato del niño Ermanno Lavorini y, especialmente, el atentado terrorista del grupo palestino Septiembre Negro durante los Juegos Olímpicos de Múnich (la masacre de once atletas israelíes) irrumpen en la narración como símbolos de una violencia que irrumpe en el mundo y en la vida privada.
Estos eventos históricos no se narran con detalle periodístico, sino que funcionan como detonadores de un ‘septiembre negro’ personal; la familia se rompe, surge la sensación de traición (sobre todo hacia el padre) y la infancia se cierra de forma irreversible.
La narración, en primera persona desde la voz del Gigio adulto, alterna recuerdos luminosos con anticipaciones tensas, creando una atmósfera de melancolía y suspense que culmina en un cierre abrupto y un epílogo reflexivo.
La prosa de Veronesi brilla en la descripción sensorial de ese verano: olores a crema solar y plástico de colchonetas, tardes en la playa, esperas infinitas y una sensación de plenitud que parece eterna.
La prosa de Sandro Veronesi es fluida, precisa y envolvente, con un ritmo que combina lentitud contemplativa y aceleraciones dramáticas en su capacidad de transfigurar lo cotidiano en símbolo, pero con una carnalidad y emoción más directas.
Vale.
| Editorial: Anagrama Páginas: 267 Año: 2026 Traducción: Juan Manuel Salmerón Arjona |





