Del escritor austriaco Thomas Bernhard (aunque muchos políticos y ciudadanos austriacos siempre lo consideraron un extranjero por haber nacido en Holanda, y nada como leer su hilarante anécdota en «El sobrino de Wittgenstein ») se puede decir que es uno de los mejores escritores austriacos de la segunda mitad del siglo XX.
Un aviso muy importante antes de entrar a comentar este «Andar». Thomas Bernhard es un escritor difícil, no apto para todos los públicos, con un tipo de escritura que hay que cogerle el punto, ya que lo que el autor de «Los maestros antiguos» pretende es hacer música con su literatura, y de ahí las repeticiones de su frases con mínimas variaciones, pero que hacen avanzar la acción.
Otra advertencia. Bernhard es, a primera vista, un pesimista antropológico, un misántropo de tomo y lomo, un escritor que es dueño de una furia destructiva contra el mundo inigualable. Pero cuando te adentras en algunas de sus obras se puede apreciar el humor del que es capaz.
Dicho lo cual vamos con «Andar», una novela breve e intensa publicada originalmente en 1971, cuando el autor austriaco ya había consolidado su estilo inconfundible: la prosa sin párrafos, las repeticiones obsesivas, el monólogo interminable y la furia destructiva contra todo lo establecido.
En poco más de cien páginas, Bernhard condensa lo esencial de su universo literario: el pensamiento llevado al límite, donde Wittgenstein y Schopenhauer son dos referencias ineludibles, la enfermedad del cuerpo y del alma, la hipocresía social y, sobre todo, la imposibilidad radical de la existencia humana en un mundo absurdo y mediocre.
Tras algunas obras más narrativas Thomas Bernhard regresa aquí a una obras más filosófica y abstracta, llena de pesimismo y humor negro, donde solo lucidez cruel. Y al fondo, como decorado, Austria.
La trama, en apariencia mínima, gira en torno a dos amigos, el narrador y Oehler, que caminan juntos todos los miércoles. Durante uno de estos paseos, hablan del colapso mental de un tercer hombre, Karrer, quien ha enloquecido tras un incidente absurdo en una tienda de ropa. Hasta puedo contar.
Lo repito, lo prosa de Thomas Bernhard no es fácil, y «Andar» es un ejemplo perfecto de esa dificultad; pero cuando lo acabas sabes que has leído literatura de la de verdad, de la seria (si quiere entretenimiento léete algo de Winslow), de la que exige a atención, pero de la que se sale, no sé si mejor (creo que no), pero sí, acaso, más lúcido.
Vale.
| Editorial: Contraseña Páginas: 113 Año: 2025 Traducción: Virginia Maza |





