Si en la música popular hay una oxímoron o paradoja, o contradictio in terminis, o lo que quieras, es la, así llamada todavía, música indie.
Como el agudo, o veterano, lector, sabrá lo de ‘indie’, es un apócope de ‘independiente’. Y es que, se suponía, aquellas bandas tipo The Strokes, Arcade Fire o Radiohead traían una música más fresca, más elaborada y, sobre todo, alejada de las grandes discográficas, que había fagocitado al rock en todas sus formas, e incluso al punk.
Y así, lo grandes festivales de música, los que mueven la pasta gansa, su programación estaba repleta de grupos indies y, a la vez, patrocinados por grandes marcas de bebida (verveza preferentemente) o lo que fuese.
A dar cuenta de este camino desde la marginalidad a los grandes eventos musicales de la bandas indie es a lo que se ha dedicado Chris DeVille, editor gerente de Stereogum (uno de los portales más importantes de información musical) y uno de los periodistas musicales británicos más agudos de su generación, en su libro «La música indie: Una historia cultural» (titulado originalmente «Such Great Heights: The Complete Cultural History of the Indie Rock Explosion» -aquel chiste de Gila viene sólo a la cabeza).
DeVille reconstruye con precisión y nostalgia el momento en que el indie dejó de ser un gueto cultural desde sus raíces a finales de los 90 hasta su transformación en la era del streaming..
El libro arranca en los años posteriores al grunge, cuando bandas como The Strokes, Interpol o The White Stripes revitalizaron el rock con actitud garage y estética cool. Pero el verdadero foco está en la primera década de los 2000, la era dorada del ‘blog rock’: Death Cab for Cutie, Arcade Fire, Sufjan Stevens, Grizzly Bear o Bon Iver. Estos artistas pasaron de tocar en salas pequeñas a llenar festivales y sonar en soundtracks de series como The O.C. o Grey’s Anatomy, que actuaron como poderosos catalizadores.
El autor no solo enumera discos y giras. Analiza cómo la tecnología —MySpace, Pitchfork, blogs, iTunes, YouTube— democratizó la distribución y creó una nueva economía de la atención.
DeVille dedica capítulos enteros a subgéneros como el indie folk (Iron & Wine, Fleet Foxes) y su posterior gentrificación, o al cruce con el pop electrónico de MGMT y Passion Pit. Muestra cómo el éxito masivo de artistas como Arctic Monkeys o Vampire Weekend terminó por diluir las fronteras entre independiente y comercial.
Uno de los grandes méritos del libro es su honestidad. DeVille reconoce que el indie rock vendió una ilusión de autenticidad mientras grandes corporaciones (sellos, plataformas, marcas) se beneficiaban. El indie se convirtió en una estética de puro marketing. Al llegar a la década de 2010, el streaming (Spotify, Apple Music) fragmentó aún más el panorama: ya no había un canon central, sino miles de microescenas.
En «La música indie: Una historia cultural», DeVille captura cómo esta música moldeó identidades, comunidades online y hasta la forma en que una generación entendió el éxito, el fracaso y la autenticidad. Con un estilo ameno pero riguroso, combina testimonio personal, entrevistas y análisis cultural profundo.
El libro funciona como cápsula del tiempo y como reflexión sobre el poder y los límites de la cultura independiente. Para quien vivió aquella época, es un ejercicio de nostalgia. Para los más jóvenes, una guía para entender de dónde viene gran parte de la música que escuchan hoy.
Chris DeVille ha logrado escribir historia reciente sin caer en la mera lista de favoritos ni en el cinismo fácil. El resultado es un retrato vibrante, melancólico y necesario de un movimiento que cambió para siempre cómo consumimos y sentimos la música.
Pena que no haya un apartado dedicado al indie en España, donde ahora quienes están en ese lado de la música son Bisbal, Raphael, Lola Flores, o Isabel Pantoja. La vida.
Vale.
| Editorial: Penínsusla Páginas: 397 Año: 2026 Traducción: Pilar de la Peña Minguell |





